arte en vivo

Cultivare es mucho más que un vino,
mucho más que un nombre, mucho más que una marca…
Es una manera de hacer, de pensar y de entender la viña y el vino.
Un sueño hecho realidad que nace de la interpretación
de nuestro entorno natural. Fruto de un legado que ha sabido
transmitir durante cinco generaciones el fuerte vínculo
que mantiene con unas tierras, nos ofrece su faceta
más creativa para que cada botella sea única y especial…

Cultivare es cultura.

fuente de inspiración

La neblina de la mañana, los colores de la tierra,
los primeros rayos de sol, el baile de un sarmiento al ritmo del viento…
El Penedès es nuestra fuente de inspiración.
El detonante que activa el motor creativo y lleva a observar,
comprender y representar algo según las experiencias,
las emociones y los pensamientos propios.

Todo un homenaje a un territorio que sirve para preservar,
expresar y difundir una manera muy especial
de entender la cultura del vino.

Cultivare es un retrato del paisaje.

land art en las etiquetas

El paisaje y los elementos naturales que nos rodean
son el escenario y el medio para conseguir creaciones nuevas
a partir de una realidad conocida.

Cultivare se apodera de los elementos que nos ofrece
la naturaleza y los ordena en armonía
para crear la máquina natural que viste de paisaje a este vino.
Los sarmientos de las viñas, la tinta de los pinceles,
el movimiento sutil del viento, el recorrido
de las etiquetas en estado puro…

De la misma manera que la naturaleza y el hombre
se unen de forma creativa para conseguir vinos únicos,
cada etiqueta Cultivare es creada de forma singular
a partir de una instalación integrada dentro del entorno natural.

Observa…, huele…, saborea…, disfruta…,
siente el arte de nuestra tierra.

Bienvenidos a Cultivare.
Bienvenidos a la cultura del vino.

El esplendor del xarel·lo

A 286 metros sobre el nivel del mar crece este xarel·lo con el vigor de una variedad que se siente en su casa. En su entorno natural, en su terreno, en su clima…

A la vista, su color amarillo pálido, limpio, brillante recuerda los reflejos dorados de los rayos de sol que lo han alimentado durante todo el ciclo.

En nariz, los aromas potentes y maduros de fruta dulce, almíbares y ligeros tostados del barril nos transportan en pocos minutos al frescor de los cítricos, a la manzana verde y a notas de lichi. Un vino blanco que evoluciona de forma espectacular en botella y donde podemos descubrir la complejidad del buqué a jazmín, laurel y pedernal.

En boca se muestra un vino blanco potente y cremoso, pero sin dejar atrás el frescor y la acidez originales de esta variedad tan enraizada en el Penedès. En definitiva, consiste en el retrato de un paisaje marcado por su singularidad, por su esplendor natural.

El reencuentro del sumoll

Uno de los secretos mejor guardados del Penedès se redescubre en un paisaje hecho a medida. El sumoll, una especie en peligro de extinción, se deja esculpir por la propia fuerza de la naturaleza.

A la vista, nos habla de un vino singular e identitario. Un color carmín de media intensidad que abre las puertas a un escenario nuevo, autóctono y de gran frescor.

En nariz, como en la naturaleza, se mezclan de forma magistral los aromas frescos de cítricos y de frutas rojas del sumoll con la madurez de la fruta negra y la turba tan destacados de la variedad samsó.

En boca, esta combinación de variedades negras autóctonas baila en armonía. Por una parte, el frescor y la acidez dominante del sumoll y por otra, la marcada imprenta del samsó. Tanto es así que este vino se presenta vibrante, rústico y con personalidad propia. Y es que aunque parezca ligero de entrada, ofrece un largo recorrido, fruto directo del entorno que lo rodea.

fuente de inspiración

Dedicarse en cuerpo y alma al cultivo de la tierra,
de la cultura, de las relaciones, de los conocimientos o de las artes,
para hacerlos prevalecer, crecer y mejorar.

Un vino que nace del arte de nuestra tierra.
Del maridaje entre nuestros mejores frutos y lo mejor
de nuestro patrimonio cultural.
Una forma de expresión artística, particular
y única en el mundo.

pintura, danza
y música en un vino

En la bodega de Domènech Vidal, una alfombra
de más 5.000 etiquetas ha conformado el lienzo sobre el que
dos bailarines han actuado de pincel,
pintando cada etiqueta con el paso de sus movimiento,
en una danza contemporánea única,
utilizando como mancha de color el tono del vino.

La coreografía y la música, han sido creadas
para la ocasión recreando el ciclo de la viña.
Al igual que cada etiqueta, que ha sido diseñada de forma
singular y exclusiva para estos dos artistas
y sus movimientos.

Cultivare ha hecho de la expresión artística
un momento único, para vestir un vino único,
con una etiqueta única. Un vino que invita al arte
de disfrutarlo intensamente.

El esplendor del xarel·lo

A 286 metros sobre el nivel del mar crece este xarel·lo con el vigor de una variedad que se siente en su casa. En su entorno natural, en su terreno, en su clima…

A la vista, su color amarillo pálido, limpio, brillante recuerda los reflejos dorados de los rayos de sol que lo han alimentado durante todo el ciclo.

En nariz, los aromas potentes y maduros de fruta dulce, almíbares y ligeros tostados del barril nos transportan en pocos minutos al frescor de los cítricos, a la manzana verde y a notas de lichi. Un vino blanco que evoluciona de forma espectacular en botella y donde podemos descubrir la complejidad del buqué a jazmín, laurel y pedernal.

En boca se muestra un vino blanco potente y cremoso, pero sin dejar atrás el frescor y la acidez originales de esta variedad tan enraizada en el Penedès. En definitiva, consiste en el retrato de un paisaje marcado por su singularidad, por su esplendor natural.

El reencuentro del sumoll

Uno de los secretos mejor guardados del Penedès se redescubre en un paisaje hecho a medida. El sumoll, una especie en peligro de extinción, se deja esculpir por la propia fuerza de la naturaleza.

A la vista, nos habla de un vino singular e identitario. Un color carmín de media intensidad que abre las puertas a un escenario nuevo, autóctono y de gran frescor.

En nariz, como en la naturaleza, se mezclan de forma magistral los aromas frescos de cítricos y de frutas rojas del sumoll con la madurez de la fruta negra y la turba tan destacados de la variedad samsó.

En boca, esta combinación de variedades negras autóctonas baila en armonía. Por una parte, el frescor y la acidez dominante del sumoll y por otra, la marcada imprenta del samsó. Tanto es así que este vino se presenta vibrante, rústico y con personalidad propia. Y es que aunque parezca ligero de entrada, ofrece un largo recorrido, fruto directo del entorno que lo rodea.